Piensalo

No era un día diferente a los demás. Después de una de sus aventuras diarias, se encontraban en el techo de Tortuga, relajándose viendo las estrellas.

No había necesidad de palabras pues ambos sabían lo que sentía el otro. Una paz y tranquilidad que el aire seco y frío les brindaba.

-¿Quieres algo para tomar? -preguntó el mayor levantándose. El otro asintió con una ligera sonrisa.- Esta bien, ya vuelvo.

Minutos después, regresó con un par de bebidas. Puso una al lado del menor y abrió la otra para sí mismo. El silencio caía otra vez.

En algún punto de la noche Martin despertó, dándose cuenta de que seguía donde mismo. Volteó a ver a su hermano quien no dormía; “¿Sabes cuanto tiempo estuve dormido?” -preguntó a su hermanito, pero este no le contestó.

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-“¡Vamos Chris! ¡Nos espera otra aventura! -decía el rubio emocionado- “Aviva dice que encontró una especie completamente nueva de lagarto, ¡tenemos que ser los primeros en verla! -gritaba y corría alegre, como siempre con su hermano cerca. Desde el cuartel Tortuga, ambas chicas lo miraban alejarse

-¿Crees que estará bien? -preguntó Koki
-Si alguien puede estar bien, es Martin -contestó.

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Gritos salían de Tortuga

-¡No pueden entenderlo!. -Martin gritaba y maldecía a las dos chicas, quienes con miedo trataban de mantener su postura frente a tal manojo de nervios
-Si tan solo nos escucharas -trató de decir Koki, pero fue una vez más acallada por los alaridos del chico azul
-¡No puedo entender que sean así con Chris! Sin motivo y tan de repente ¡¿Por qué?!
-No lo entenderías
-¡Lo que no entiendo es que traten así a mi hermano!
-Martin, ¡él está muerto! -grito Aviva por fin con lágrimas naciendo en sus ojos.
Esa palabra fue como un interruptor en el mayor, quien dejó de hablar y se quedó estático en su sitio. Cayó con fuerza en el suelo y ambas chicas se acercaron con cuidado. Era la primera vez en varios meses que podían verlo de cerca. Sus ojos se habían apagado y eran decorados por oscuras ojeras; su cabello estaba desordenado y sucio al igual que su ropa. Estaba más delgado, y en su piel aparecían manchas y moretones. 

-Martin… -dijo Aviva tomándolo por los hombros- lleva muerto casi un año. Tienes que dejarlo ir.

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